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OLVIDO


Nombre Masculino.

1 Pérdida o cese de un recuerdo, o hecho de no estar presente algo o alguien en la memoria.
2 Hecho de no recordar algo concreto.
3 Hecho de dejar de hacer involuntariamente una cosa que debe hacerse.
4 Pérdida Total de afecto o interés hacia una persona.

¿Sería paradójico abandonarnos a nuestra divagación haciendo referencia, en primer lugar, a la tan cacareada Inmortalidad? ¿O quizás simplemente irónico?
Por siempre ansiada, siempre buscada, jamás encontrada en su formato más apetecible, hedonista, cobarde... humano: La supervivencia contra natura de la carne al inexorable deshojar de la margarita temporal.
Infinitamente leve y desconsolador se nos ofrece la eterna lucha y posterior triunfo del ácido desoxirribonucleico, leitmotiv de la inmensa mayoría de incontables legiones de habitantes de la Creación en esta búsqueda por la supervivencia eterna... sin embargo...
¡Ah!... ¡El género humano!
Favorecidos por el don divino de la ambición y la imaginación, y tan ¿cruelmente? maldecidos con una cuenta atrás que nos lleva a empezar a morir desde el primer día de nuestras chisporroteantes vidas.
El género humano, bendecido con una única y sola certeza casi profética: Tarde o temprano la Muerte se enamorará de todos y cada uno de nosotros, gustará de hacernos gozar en su lecho bisexual en un ménage à trois con el Olvido en el que, desde luego, no seremos último vagón.
Memento Mori.
Con esa única certeza mortal nos abandonamos a los placeres de la vida enarbolando el estandarte de un renacentista y adolescente Carpe Diem, que con el vigor de la juventud desemboca en un erróneo y etílico Carpe Noctem, hasta que en la madurez la inercia de nuestra fuga hacia delante nos estrella contra la cruda Realidad: Que perdimos nuestra vidas entre bares y fiestas, nuestro romanticismo entre camas y asientos traseros, nuestras esperanza entre tempranos anocheceres y tardíos amaneceres, nuestros amigos y hermanos entre riñas y accidentes, nuestra credibilidad entre personajes y premeditadas poses, nuestra ilusión entre fichas y colas... lo perdimos... ¿Todo?
Hay individuos que aún se resisten a ello... a Todo.
Algunos de ellos siguen persiguiendo la inmortalidad a través de sus actos y pasiones, sus más profundas creencias y convicciones, con la certeza que su lucha hasta el final les llevará a gozar sinceramente y sin complejos de los favores de la Muerte y a preguntarle al Olvido cariñosamente en el oído acerca de su paternidad, entre cachetada y cachetada de la furiosa, letal y postrera cabalgada, hasta que éste les excomulgue de su abrazo nebuloso y se arrastre hasta su limbo lamiéndose las heridas.
Inmortalidad por gracia de nuestra obra y verbo.
Inmortalidad por gracia de nuestra música.
Olvido acuna a varios de estos individuos, y no deja de ser de nuevo irónico que nuestro nombre sea el de nuestro adversario y futuro efebo.
La banda se formó en algún momento de principios de 2006 cuando el batería Alberto Espinosa, el teclista Dani Ruiz y el vocalista Néstor Morales decidieron obliterar su anterior grupo en beneficio de un nuevo y definitivo proyecto común con otros músicos que compartieran su visión musical y sus anhelos personales.
Y es que Olvido es una cuestión profundamente personal para todos sus componentes, en donde la música sirve para enhebrar los hilos, a veces aterciopelados, a veces ásperos, de las vivencias y sentimientos que le dan sentido.
A ellos tres les seguirían en este oscuro periplo los guitarras Jordi Ramió y Terry P. W. F. Ryan, y el bajista Ernest Parro.

ESPI

Alberto Espinosa (“Espi” para propios y extraños, para queridos y odiados) nació a finales de los setenta llorando y gritando tal monstruo, caminando por la vida como todos y cada uno de nosotros hasta que la rebeldía y las ilusiones de la adolescencia le llevó a empuñar unas baquetas con cuatro amigos, estudiando con maestros de la talla de Ruben Berengena y Rafael Rostey. Proyectos y más bandas dieron con sus huesos en un grupo común con Dani y Nèstor, y junto a ellos dos protagonizó nuestra particular égida musical en busca de la culminación de sus sueños y anhelos en lo que sería el embrión de Olvido, donde espera afianzar uno de los puntales de su vida, la música. Actualmente ejerce de batería, compositor, bajista a manos libres, y diseñador gráfico de material relacionado con el grupo (todo ello cuando no se pierde en sus aposentos devorando películas de géneros de terror, suspense y serie B...).

DANI

Dani es el benjamín del grupo, la sangre limpia y fresca, nacido a finales de la década de los ochenta salvándose de las llamas de la Generación X sólo para caer en las brasas de la Generación Pepsi, sostiene que sus gustos musicales abarcan toda música que destile tristeza y depresión, indistintamente del género (Pop, rock, clásica...), y que sus principales influencias son el resto de miembros del grupo, nosotros, ya que con ellos dice haber aprendido las grandezas de componer y el savoir faire en una banda. El estar convaleciente en el hospital le privó de ver completada la actual formación de la banda con la incorporación de Terry, pero dice no importarle demasiado ya que actualmente todos sus esfuerzos van dirigidos a un objetivo: Hacer sonar y recordar a la gente como suena una voz ya olvidada, la del Olvido, con el sentimiento que le caracteriza y con sus sentidas composiciones a los teclados que, como se afana en recordar, son algo más que mero piano y acompañamiento.


NÉSTOR

Néstor sobrevive en la vorágine de su propia leyenda negra urbana fruto de la incomprensión y de un adjudicado talante falsamente antisocial o peor (epítome de la antítesis resultante de un gran físico que encierra a un gran tímido) que, quizás con el tiempo (si es que no lo ha hecho ya), derive en el arquetipo público de antihéroe que seguro secretamente ansía y anhela desde su mayoría de edad. Empezó a cantar con bandas de versiones de grunge y de rock, para pasar a cantar con voz ronca y gutural en proyectos de doom (en los que coincidió con Terry) y metal underground en su adolescencia, hasta que le llegó la oportunidad de formar parte de una banda semiprofesional de thrash metal a finales de los noventa con Dogma (proyecto del fundador y ex componente de Áspid, Marc López). Aquella experiencia le enseñó las mejores y peores caras del mundillo, y tomó nota tanto de unas como de otras para aplicarlas a sus proyectos futuros, y a éste en concreto, su bienamado Olvido. Vive una relación de amor / odio con su propia voz, su propia vida y aquellos que le rodean, a la vez que mantiene una guerra silenciosa y ya perdida contra el mundo, y eso es algo que sienten y reflejan sus letras.
JORDI

Jordi evoca la fama y leyenda anglosajona del jardinero extravagante, siniestro y excéntrico (y no porque él sea de la profesión...), pues su vida es la horticultura, la música, la cerveza, su musa Carme y su perro Rush (y no precisamente por este orden). Sintió una necesidad irrefrenable de aprender todos los secretos de las seis cuerdas tras escuchar a Marty Friedman y Jason Becker a los trece años, aunque confiesa tener “miles de millones de trillones de zillones” de influencias que sean propias del Metal, el Hard Rock y Fusion. A los 16 años empezó a tocar en grupo con su banda Elohim de versiones de Sepultura, Metallica, Slayer... y después de los típicos y tópicos disgustos con bandas y proyectos a los que se lleva el olvido a lo largo de los años, cuando ya se planteaba emigrar a Las Vegas, decidió unirse a su enemigo: Tras encontrar en las vías del tren un panfleto en el que se reclamaba a un guitarra, y tras una tarde de prueba en la que sonaron los primeros compases de De Profundis y Sueños en la ciudad del rey del Este, además de una versión perfectamente acelerada y adrenal de Master Of Puppets, decidió que tocar con aquellos sujetos estaba bien, se unió a Olvido y al séptimo día descansó.

TERRY

Terry Patrick William Francis Ryan, afortunadamente Terry para el inmenso grueso del vulgo, fue la última incorporación de Olvido. De origen irlandés es guitarra autodidacta por herencia, habiendo llegado a tocar casi de todo: heavy metal, dark metal, doom metal, folk, rock, blues... y define sus influencias como de muy diversas, aunque siempre tirando hacia el lado más oscuro, como Nick Cave o My Dying Bride por mostrar dos caras de una misma moneda, atrayéndole también por consanguinidad baladas celtas de muerte y traición. La música triste y depresiva le alegra al día, muy al contrario que la música happy que le irrita hasta lo indecible. Es y ha sido semiprofesional de la música desde los veintitrés o veinticuatro años con grupos de folk céltico como An Falach, de versiones en acústico como Bizarretquoi, de rock como Aurània, o de gothic como los zaragozanos Gothic Sex, con los que giró por el territorio nacional, Europa y Centroamérica, durante el tour del disco “Rarities”. Sus dos primeras sesiones con la banda fueron, en gran medida, una sarta de malentendidos y despropósitos kafkianos: El primer día se negó a tocar con la banda, mientras que al segundo se le pidió por equivocación que mostrara un material compuesto inexistente.

ERNEST

Ernest Parro nació cuando era muy pequeño el último día del año 78 a las tres de la madrugada. Mamó de una gran teta de influencias hereditarias de la que manaban el soul, el blues, el jazz, la bosanova, la música clásica... y mucho punk, así como rock y heavy de la década de los 70 y los 80. Le entusiasma buscar en el pasado toda aquella música que logró escapar del olvido, que son las grandes bandas y genios de cada estilo y tendencia musical. Empezó tempranamente a tocar la harmónica, para luego en la adolescencia lanzarse seriamente a las seis cuerdas recibiendo formación en guitarra clásica (rumba, guajira, cantiñas, bosanova y tanguillos), y eléctrica (blues, rock) formación que le ha sido muy útil para tocar guitarras y bajos más duros, así como para experimentar con la informática musical. En el 2004 decidió pasarse a la voz con su antigua banda Sol del Norte, aunque en 2007 empuñó el instrumento que ya no ha abandonado, excepto por los 9 meses que recorrió las calles de Londres acompañado únicamente de su harmónica y una mandolina como músico de calle... el bajo. Con la incorporación de este trovador errante, Olvido dio por cerrada su formación.